lunes, 6 de febrero de 2012

Llaman a la puerta.

Relato de M.R. Bueno
   

Gregorio cruzó la plaza mayor con paso ligero y las manos metidas en el gabán. Una mañana de enero, fría y luminosa. El cielo era azul intenso, y las losas del pavimento, entre bancos de espaldar de hierro, guardaban aún el brillo del rocío. Eran ya más de las 10, y el reloj de la torre golpeaba la lenta marcha del tiempo.

Gregorio disfrutaba de unos días de vacaciones. Pasadas ya las Navidades, el attrezzo municipal conservaba aún las guirnaldas verde y roja, las lucecillas de los árboles y las destellantes “felices fiestas” colgada entre balcones.

Por una calle céntrica se llegaba hasta la casa de José Andújar, viejo profesor de historia jubilado, administraba las propiedades, rústicas y urbanas, de su familia, y las de su esposa.

Ana irrumpió en la salita, donde su marido, José, ante una mesa llena de papeles, facturas, y libros de apuntes contables trataba de rellenar unos cuestionarios fiscales.

-          José, ya está aquí el chico de Jaime, que dijo vendría hoy-
-          Sí, dile que pase, dejaremos esto para luego- dijo José, mientras apartaba un poco los papeles, dejaba sus gafas sobre la mesa y se levantaba para recibir al joven.
-          Pasa, hijo – invitó Ana al muchacho.

Gregorio tenía poco más de veinte años, estudiante de Derecho en la capital, tenía un aspecto loable, afeitado y correctamente peinado. Su reputación era excelente entre sus paisanos: chico responsable, estudioso y de buena vida.

-          Hola, pasa – dijo José, mientras alargaba su mano derecha para estrechar la de Gregorio-
-          ¿Cómo está usted? – respondió Gregorio mientras las manos de ambos se fundían en un cordial saludo de bienvenida.
-          Estoy bien, gracias, ¿y tu padre? –
-          Está bien también –
-          Siéntate, y dime en que puedo ayudarte-  dijo José mientras señalaba un sillón y él mismo tomaba asiento en otro sillón contiguo.
-          Verá, he encontrado en casa algunos documentos: cartas, concretamente. Fueron escritas por su hermano, Félix, antes de morir y también algunos cuadernos de cartas de mi tía Aurora, que creo que jamás llegaron a ponerse en Correos.-
-          Es un asunto desagradable, el recuerdo de mi hermano y las circunstancias de su muerte... También tu tía Aurora sufrió lo suyo. Eran jóvenes y como todas las parejas de novio proyectaban una vida juntos, tener hijos... y todo lo que es normal en ese tipo de relaciones.- explicó despacio José
-          Sí, creo que se querían mucho y ambos sufrieron durante aquellas jornadas trágicas, pero mi tía aún llevó su pena durante cuarenta años más, toda una vida... respondió Gregorio.

Volver la mirada a un pasado turbulento es una cuestión difícil. Ni siquiera el tiempo ya transcurrido logra que la herida no sangre al recordar los días de aquel verano de 1.936.
El pueblo andaba ya entre siegas y trillas, carros por las calles con sacos y pajas amontonadas, que dejaban un requero de hilos dorados por las aceras. Las uvas verdes, redondas, pendían de las retorcidas ramas de las cepas. Un año de laboreo agrícola, de faenas de campo, y en el pueblo, trasiego de viejos vinos y movimientos de bocoyes en bodegas. Los bares con sus cafés y aguardientes mañaneros, soleras y amontillados en el largo periodo de los aperitivos.

En uno de los casinos, se mantenían reuniones de terratenientes y bodegueros, empleados de la banca cercana, en la misma plaza mayor, que tantas veces había cambiado de nombre. Varios periódicos sobre las mesas y algunas tertulias, animadas entre el comentar de los avatares políticos y sociales, y los catavinos rellenados de líquido refulgente y oloroso.

Aquella mañana del 18 de julio todos estaban nerviosos. Sobre las diez de la mañana empezaron a correr rumores sobre algo sucedido en Ceuta. Alrededor de una mesa de uno de los casinos, una botella casi vacía y cinco catavinos casi llenos.

-          No se sabe nada cierto, todos son habladurías, unas se contradicen con otras – decía Aurelio con los ojos desencajados.
-          ¿Sabes que te digo? – añadía Anselmo - ¡Qué ya es hora de que el Ejército intervenga y ponga orden y disciplina!
-          Eso queremos todos: orden, pero no habrá quién evite el enfrentamiento – remataba Carlos
-          Pero no hay unidad en el mismo Ejercito, dicen que hay un sector que apoya a los republicanos... –
-          Tened en cuenta que el orden legalmente establecido hoy por hoy es la República –
-          No te digo yo que no, pero hace falta un Gobierno enraizado en los valores de nuestra cultura y tradición –

Querida Aurora: Te mando esta nota con un empleado. No podré ir a verte esta tarde. Los asuntos se vuelven muy oscuros. Hay mucho movimiento de obreros por las calles porque ya es casi seguro que hay una alzamiento de tropas en África y llegarán hasta aquí sus efectivos. Te quiero mi amor, quédate en casa, yo iré cuando vea el ambiente tranquilo. Félix

-          Sí, es la letra de mi hermano. Recomendaba a tu tía Aurora que no saliera a la calle. Aquellos días había una gran turbación y había que pasar desapercibido ante el rencor y las ganas de guerra.
-          Debieron ser tiempos tremendamente tristes.
-          Tristes y peligrosos. Es el enfrentamiento alimentado por hechos de revanchas y odio. Había circunstancias internas, pero también factores agravantes de todo lo que venía de afuera, de una Europa conflictiva. No son buenos los enfrentamientos, y todos deberíamos tratar de evitarlos.

Gregorio sabía, por lo que había leído, que aquella República española de 1931 tenía ante sí serios problemas. Había desigualdades en la propiedad de la tierra, inmersa en un arcaísmo agrario y una baja demanda interior juntamente con una oferta exterior limitada a aceites, vinos, minerales y poco más. La cúpula bancaria tenía un gran potencial, empresas oligopolistas, burguesía agraria con unos comportamientos ideológicos respaldados por la Iglesia, que disponía de centros docentes donde se tejía un orden moral que pretendía la hegemonía ideológica.

España era todavía un país donde había un 33 por ciento de analfabetismo. En las capas bajas no faltaban el paro y la emigración, mientras tambien en Europa al clima de crisis económica se sumaba la subida de Hitler al poder.

En el casino y en las tertulias del bar “La Sevillana” se habló mucho del Decreto de Largo Caballero, que establecía jurados mixtos, jornada máxima de ocho horas, laboreo forzoso en tierras no cultivadas y prioridad de empleo de los trabajadores del término municipal.

-          Se avecina una gran reforma agraria en contra de nuestros intereses. ¡Llegarán a esa reforma, ya lo veréis!  – manifestaban los terratenientes del pueblo.
-     No solo es eso, sino un ataque a nuestra civilización -

            El 28 de junio de 1931 los parroquianos acudieron a las urnas. Aurora no votó, las mujeres votaron por primera vez en 1933, pero a ella no le interesaban mucho las cuestiones políticas, mientras Félix se acercaba cada vez más a la ideología fascista.

            Aurora, como otras jóvenes del pueblo, disfrutaba con las comedias que representaban las compañías de teatro ambulantes en el cine El Recreo, y siempre corrían las voces de un inminente estreno en fechas próximas. Félix, solícito, siempre estaba atento para adquirir las entradas, ya que el local de las representaciones caía próximo a su lugar de trabajo.

La nueva Constitución votada en Cortes el 9 de diciembre no fue aceptada por la derecha. El 12 de diciembre, Manuel Azaña formó gobierno con republicanos de izquierda y socialistas.

La lucha frontal desembocó, el 10 de agosto de 1932, en una sublevación militar cuyo cabecilla fue el General Sanjurjo. Siguieron por el otro bando numerosas huelgas, a veces violentas, por los sectores anarquistas y comunistas. Llegaron noticias cuantiosas de estas manifestaciones y huelgas en Sevilla, desilusionada por el escaso progreso que trajo consigo la Exposición Iberoamericana de 1929, sobre la que mucho prometieron y se vendió mucho humo...
 
            Los terratenientes estaban descontentos, y Aurora presentía ya ciertos temores, cuando su ilusión y su pensamiento eran elaborar, poco a poco, los enseres de su ajuar. En su casa, oía a su padre quejarse de no poder mantener beneficios de la agricultura, merced a la política de salarios. La idea de la reforma agraria hacía temblar a los propietarios de la tierra, y esta amenaza se sentía, cada vez, más próxima.
                                                                                                                            
          Todo se complicaba: 1933 fue aún peor, por las huelgas de anarquistas, que llegó a la sublevación armada de Casas Viejas, que tanta tinta hizo correr en la prensa. La Guardia de Asalto aplastó cruelmente a los anarquistas gaditanos y ello levantó una gran protesta tanto por el lado de la extrema izquierda como por la derecha.

                                                                                                                            

José recordaba aquellas revueltas campesinas en el mismo pueblo. La rama sindical del campo de la U.G.T. denominada Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra tenía ya numerosos afiliados.

-          Estas revueltas ocasionaron la caída del alcalde, por la oposición de estos sindicalistas, aunque luego se hará otra vez con su mandato- explicaba al joven estudiante – Había, por aquel tiempo, una gran crisis económica y aumentaba el paro, por lo que se hicieron en el pueblo algunas obras públicas para dar trabajo a los desempleados, entre ellas el Mercado - 

  La subida al poder de Hitler puso leña en el asador político y también en el pueblo hubo defensores de los grupos de las JONS, creándose la Falange Española. Félix se acercaba por sus ideas y simpatías a este nuevo partido político.

            Llegaba así un nuevo año: 1934: El éxito electoral de la derecha. En el campo, los propietarios se sentían más seguros y fueron despedidos los afiliados a los sindicatos de UGT y la CNT. La Falange actuaba cada vez con más violencia, y hasta Félix se proclamó alguna vez como partidario de la desaparición de las urnas y el sufragio. La respuesta de la UGT fue convocar una huelga general de campesinos en el mes de junio, parando la recolección agraria. Por el Ministerio de Gobernación se actuó con gran dureza, se clausuraron locales sindicales, se encarcelaron los líderes obreros y hubo unas 7.000 detenciones en todo el territorio.

            El 5 de octubre se produjo una gran huelga, se hablaba de que en Asturias los mineros habían asaltado cuartelillos de la Guardia Civil.

-          El Gobierno ha llamado al General Franco para que tome el mando en la lucha contra la revolución-
-          ¿Quién es ese general? –
-          Creo que es un mando de Baleares, pero que está ahora en Madrid –
-          Han llegado dos banderas de la Legión de África a tierras asturianas –
-          Tambien Los Regulares han desembarcado en Oviedo, a bordo del crucero “Libertad”-
-          Hay tropas que desde Galicia se dirigen a Asturias, al mando de López Ochoa –
-          También ha llegado La Legión a Barcelona y han detenido a Azaña –

José Andújar recordaba, en la conversación mantenida con Gregorio:
                                                                                                                                                                                                                                                                                 
-          No hubo elecciones municipales en el pueblo durante la República. Era el Gobernador Civil quién hacía los cambios en la Corporación. Con la llegada de Lerroux al poder, nombraron Alcalde a mi amigo Juan, poco antes de la revolución de Asturias. Aquí se abrió una suscripción pública a favor de la fuerza que efectuó la represión de esta revolución. Con estos sucesos hubo cambios, alcanzando Reyes la Alcaldía  a finales del 34. Se cambiaron hasta los nombres de las calles, se quitaron rótulos como “Fernando de los Ríos”, “Largo Caballero”, Indalecio Prieto”...-
                                                                                                                   

El nuevo gobierno de Lerroux y la represión de los sucesos de Asturias y Barcelona, marcaron un periodo contrario al anterior. Manuel Azaña fue confinado en un barco de vapor en el puerto de Barcelona, y a finales de aquel 1934 fue puesto en libertad. Pero, en el pueblo, se produjeron reacciones de simpatía con los encarcelados, y hasta el Ayuntamiento exigió el indulto de algún condenado a muerte por estos incidentes.

-          En 1935 se decretó el título de Ciudad para nuestro pueblo, siendo Ministro de Gobernación Manuel Portela. Siempre estuvimos orgullosos de tal distinción y de nuestros paisanos los hermanos de la Cueva, que representaban obras en los teatros de Madrid.-

Con estas nuevas directrices políticas se derogó la Reforma Agraria y se redactó la “contrarreforma del campo”, eliminándose los decretos de la época de Largo Caballero, lo que provocó algunas revueltas entre el campesinado. Se habían expulsados a los yunteros de las tierras y el paro se fue agravando en el sector agrario.

  En los establecimientos del centro del pueblo se notaba el cambio, fiestas en el casino y procesiones religiosas.

  Feliz estaba la joven Aurora, que vestía las  mejores galas de su vestuario, no muy lujoso, pero hecho con primor y con todas las ganas de lucir su juventud en aquellos paseos por la plaza y en los bailes del casino, a donde acudía con su novio, un joven que prometía en las filas de su partido político. En la mayoría de las muchachas del pueblo no había conciencia de los efectos de las represiones revolucionarias y de los vaivenes políticos, que tanto odio y enfrentamiento estaban logrando entre sectores que cada vez se radicalizan más y más.

La primavera hacía sus propios estragos naturales, todo era hermoso para la juventud. Reyes, el Alcalde, había convocado un concurso de belleza. Y el día de la Ascensión se celebró la elección de la Miss de la localidad, ante un gran público. Se presentaron 12 preelegidas y el Alcalde pronunció un discurso:

- “La República apoya a las fiestas porque son necesarias para el esparcimiento y alegría del pueblo... “ dijo entre otras cosas.

Se eligió a la Miss de la localidad, que recayó en la conocida Teresa Lagares, una morena, de ojos y cabellos negros, pero también se eligieron las Misses de las Cruces de Mayo, que eran dos concretamente: Isabel Ligero y Felisa Conde, las demás fueron las damas de honor y todas salieron al balcón para saludar al pueblo que esperaba frente al edificio de las Casas Consistoriales.

Aurora, con su hermana proclamada Dama de Honor, asistió feliz al salón del ayuntamiento y al luch que se sirvió después. Más tarde, acompañada de Félix, también acudió al baile que hasta altas horas de la noche se ofreció en el casino, con la actuación de una animada orquesta. Todo sonreía a su alrededor aquella primavera de1935.

-       Mi hermano Félix fue siempre un trabajador, de manos encalladas y recias- seguía relatando José Andújar al joven Gregorio.

  El escándalo del llamado “Straperlo” contribuyó a aumentar una nueva crisis nacional que provocó la dimisión del Gobierno. La izquierda formó, al fin, su anhelado proyecto: el Frente Popular, una coalición electoral.  El 16 de febrero de 1936 hubo elecciones generales y en el Parlamento hubo una mayoría de izquierdas. Falange Española presentó candidatura independiente. Hubo presiones para declarar el estado de guerra y para no reconocer el resultado electoral, entre las que resaltó las presiones del General Franco. Ante aquella difícil situación Alcalá Zamora llamó de nuevo a Azaña, que formó un gobierno con republicanos de izquierdas.

     La radio de los casinos y bares del pueblo se sintonizaron para oir el mensaje de Azaña:

-      “El Gobierno espera que toda la nación corresponda a nuestros propósitos de pacificación, de restablecimiento de justicia y de paz...” -

     Sin embargo, entre los terratenientes se alzaba la voz del levantamiento militar, mientras Calvo Sotelo trataba de coordinar las fuerzas contrarrevolucionarias.

-          Han destinado a Franco a Canarias. El Ejército tiene que hacer algo y pronto -
-          Eso es cierto, hay que restablecer nuestro prestigio internacional y el orden interno. 
-          Dicen que los comunistas han ocupado 3.000 fincas en Badajoz –
-          La revolución agraria está ocasionando el desorden y la anarquía. España no puede seguir así

Los sectores juveniles de Falange Española habían iniciado los primeros brotes de violencia. En Madrid un grupo de falangistas dispararon contra el Catedrático Jiménez de Asúa, muriendo un policía de su escolta. 
-       Han clausurado locales de Falange y han detenido a José Antonio – se decía en el pueblo, donde Félix se reunía con otros compañeros. Estan incendiando locales de la CEDA y han intentado quemar iglesias.
-     Han asaltado la Casa del Pueblo en Carrión y han ahorcado a su Presidente –
-     corría la voz en el casino popular.
-     ¿Quién? –
-       Los falangistas - 

En el desfile militar de abril en Madrid, hubo petardos y murió un alférez de la Guardia Civil que provocó una batalla campal entre falangistas y guardias de asalto con tres muertos y numerosos heridos. Sucedieron asesinatos de un magistrado y un capitán socialista. Alcalá Zamora fue destituido en el Parlamento.

Mussolini invadía Etiopía. La radio seguía transmitiendo los discursos políticos de Azaña. :
                                                                                                                        
-       “Estamos delante de este fenómeno histórico grandioso del acceso al poder de clases sociales españolas que hasta ahora estuvieron desprovistas de él...”

Pocos días después Azaña es proclamado Presidente de la República Española. El  proyecto de Prieto, Presidente del Gobierno, fue rechazado por Largo Caballero, mientras el general Mola preparaba la sublevación, desde Pamplona. A Prieto le sucedió Casares Quiroga, con la oposición de Calvo Sotelo y Gil Robles. En la calle la CNT y la UGT multiplicaban las huelgas y los incidentes. Los propietarios extremeños manifestaban que preferían que el grano se quemase antes de pagar los salarios que les pedían. José Antonio Primo de Rivera seguía preso en Alicante.

Cabezas, presidente de la Agrupación Socialista Local es nombrado Delegado de la Autoridad en el pueblo por el Gobierno de Azaña. El Ayuntamiento constaba de representantes socialistas, comunistas, republicanos y un independiente de la UGT del campo. Se nombró Alcalde a Pinto, que formó gobierno sin la oposición de la derecha. El nomenclátor del callejero volvió a cambiar.

El 11 de marzo la minoría comunista propuso la desentronización y venta de la escultura de mármol situada a un lateral de la iglesia, la imagen blanca del Corazón de Jesús.

La madre de Aurora pedía a su hija que rezara con ella:

-       Hija, quieren quitar al Corazón de Jesús, esa imagen tan bonita que ha hecho Antonio, el escultor. Reza conmigo, hija, para que Dios nos proteja de tanta barbarie.

-       Madre, tengo miedo por papá y por Félix. Andan todos enfrentados. ¡Dios mío!-

-       Ha dicho tu padre que en el pueblo de al lado los comunistas han asaltado el cuartel de la Guardia Civil y que de aquí han salido guardias para ayudar a los vecinos. Dicen que habían muerto dos jóvenes comunistas en un enfrentamiento con los guardias y ahora el pueblo está exaltado y con ganas de guerra.

Querido Felix: Te mando esta nota con mi padre, pues ya hace días que no te veo y mi madre no quiere que salga a la calle. Tengo miedo por ti y las cosas que estan pasando. Ven, cuando pueda, necesito verte y saber que no te ocurrirá nada. Cuéntale a mi padre como estás y como te va en el trabajo. Te quiero, ven pronto. Aurora.”

Calvo Sotelo es asesinado. El 11 de julio un aviador inglés sale para Canarias a bordo del Dragón Rapid para recoger a Franco, a quién la muerte de Calvo Sotelo le hace decidir apoyar el alzamiento militar. El 17 de julio la Legión se apodera de Melilla.

Los Guardias Civiles se dirigen a Sevilla en autobuses. Cae la tarde, calurosa y alterada. En la calle San Antonio, la Casa del Pueblo se encuentra llena de obreros. Todos estaban desconcertados, ocupando sitios estratégicos y con deseos de saber que estaba pasando en realidad. A las 9 de la noche, muchos estan pendientes de la radio de Madrid: dirigentes socialistas y comunistas incitan a empuñar las armas contra un pronunciamiento militar que se da por hecho.

-       He visto a más de veinte hombres con escopetas entrar en el Ayuntamiento –

Aurora escucha tras la ventana pasar a hombres y mujeres gritando contra los fascistas. Durante toda la noche hay gentes que van y que vienen, coches que pasan aceleradamente. El Ayuntamiento estaba abierto a pesar de ser más de las 12 de la noche.

Pasada la una de la madrugada, un grupo de obreros irrumpen en el bar “La Sevillana” y prenden fuego al local. Nadie duerme y corre la noticia con rapidez:

-       Han forzado la puerta de la ermita y están destruyendo los altares y las imágenes. –
-       Hay una hoguera en medio de la calle, estan quemando las imágenes –

De la ermita, un grupo se dirige al casino, otros a la iglesia parroquial, al convento del Rebaño de María, a garajes particulares, donde prenden coches.


Querido Felix: Estamos todos muy asustados. No quieren ni que salga a la puerta, pero desde la ventana del soberado veo humo por varios sitios. Dicen que están quemando el convento y la iglesia también. No sé nada de ti, pero no salgas de casa, escóndete mi amor. No quiero que te pase nada. Que ni te vean, espera que todo esto pase y que haya fuerzas que pongan orden en esta noche tan horrible. Oigo gente gritando como locas por la calle y tengo mucho miedo. Si pudiera tenerte aquí y saber que no te ocurrirá nada. Te quiero, Aurora”.

A la mañana siguiente llegan doce camiones llenos de mineros de Río Tinto, a los que se les unen varios camiones con hombres del pueblo, que se dirigen a Sevilla, pero horas más tarde, vuelven horrorizados de las bajas que habían causados las tropas fascistas.

Desde la capital de la provincia se ordena la detención y encarcelamiento de los elementos de la derecha. Hombres armados con escopetas se disponen a ejecutar dicha orden.

Querida Aurora: No tengas miedo, te mando esta nota con un empleado fiel a mi familia. Tu padre ha estado aquí en mi casa. Pronto iré a verte, ganaremos esta revuelta que está destruyendo casas e iglesias. Te dejo, están llamando a la puerta. Te quiere, Félix”

Los escopeteros irrumpen en casa de Félix. Ya son unos treinta hombres los detenidos y entre ellos encarcelan al joven Félix, en medio de burlas e insultos. Al día siguiente, otros treinta son detenidos y algunos de ellos son obreros sin militancia y  fieles a sus patrones. Aurora no supo la noticia del apresamiento de Félix, todos a su alrededor guardan silencio, mientras la joven apoyada en la ventana veía pasar gente alborotada y desafiante. Los Guardias Civiles son llevados a la capital de la provincia, entre el abucheo de los insurgentes, mientras son saqueadas tiendas de comestibles, bares, panaderías y zapaterías.   
  
A las 10 de la mañana llega a la estación de ferrocarril, un tren con municiones y hombres armados de fusiles, y se fabrican bombas en el mismo pueblo, donde mujeres y niños aportaban hierros y elementos de los edificios calcinados.

El día 21 grupos de hombres armados incautan las radios de las casas, bares y lugares públicos. Había una lista en las oficinas de Telégrafos con 160 receptores. Nadie debía difundir noticias sobre el alzamiento militar ni las charlas del General Queipo de Llano. Sin embargo, se confía en que las tropas fascistas serán derrotadas y hasta se espera que dicho General pase, en su huía, por el pueblo, por lo que deben de estar atentos.

El día 22 corren rumores de que las tropas nacionales han tomado algunos pueblos cercanos como Carrión e Hinojos. Al día siguiente, una avioneta da varias vueltas sobre el cielo del pueblo. Aurora desde el patio escucha el ruido de sus motores, mientras pide a Dios el fin de la revuelta. Por los alrededores de la iglesia, Aurora oye disparos de escopetas y piensa que aquello no es otra cosa que una guerra desatada entre los mismos paisanos y los mismos hijos de una misma patria. Pero no puede tener idea de lo que ocurre en sus justas medidas, ni puede comprender que esta guerra la meta para siempre en la soledad y la desgracia.

El día 24 el Comité Local ordena la implantación del comunismo y colocan la bandera en el Ayuntamiento, distribuyendo vales para comidas. De nuevo ruge el motor de la avioneta que lanza diez bombas, sin causar víctimas. Aurora en su silencio, va de la ventana al patio y se oculta en la casa, al oir como caen bombas cercanas y se disparan tiros de escopetas.

-       Félix ¿dónde estás? ¿Dónde estás, Dios mío? –

Gregorio, el joven estudiante, sobrino de Aurora, escuchaba el relato de aquellos días tristes de boca de don José Andújar, el viejo profesor.

-       El día 26, como te digo, los comunistas tocaban las campanas de la iglesia para avisar de la proximidad de una avioneta de Tablada, del ejército sublevado, que arrojó varias bombas sobre el pueblo. Corría la noticia de la proximidad de las tropas del Comandante Castejón, y los mineros y los anarquistas vieron el final de la revolución que habían empezado a saborear. La reacción fue fatídica, se dirigieron a la cárcel, donde estaba mi hermano, y tiraron varias bombas. Después desde las azoteas de las casas contiguas dispararon al patio donde estaban los presos. Les decían, desde las azoteas, que los trabajadores no tenían que temer, que salieran con las manos en alto y mostraran los callos del esfuerzo laboral. Mi hermano, según me contaron, salió con los brazos en alto, mostrando los callos de sus manos y fue abatido por una descarga de escopetería.

-       ¿Cuándo supo mi tía que habían apresado a su hermano Félix?

-       No lo supo hasta aquella misma tarde de su muerte. Muchas familias huyeron al campo al enterarse que estaban matando y asaltando casas y que podían entrar las tropas sublevadas y originarse una batalla en plena calle. Los padres de Aurora quisieron marcharse también cuando recibieron una visita.

-       Llaman a la puerta – dijo Aurora

-       ¡Escóndete, hija, no sabemos quién puede ser, ocultaos!

-       Aurora se ocultó en su habitación pero escuchaba, tras la puerta semiabierta, cuando vinieron a avisar que Félix había sido alcanzado por los disparos en la cárcel y había muerto –

-       ¿Cómo reaccionó Aurora?

-       Se desmayó al salir de su habitación tras oir que mi hermano había muerto. No quiso abandonar su casa, ni marchar al campo. No le importaba morir ella también, y durante muchos meses lloró desconsoladamente la muerte del que pudo haber sido su esposo y padre de los hijos que ella tanto deseó y que nunca tuvo –

-       ¿Qué edad tenía cuando lo asesinaron?

-       29 años.

-       ¿Se sabe quién mató a Félix?  Nunca le oí a mi tía hablar de la guerra, ni del odio que podía sentir hacia los criminales de su novio.

-       Algunos dieron nombres de aquellos implicados directamente en la reclusión y muerte de Félix, pero esos estan también ya muertos, y sus hijos merecen vivir en paz. Nada bueno se puede sacar de aquel período del que -¡ojalá!- nuestro pueblo no vuelva a verse envuelto. Nada salvo que nunca jamás vuelvan los enfrentamientos y las muertes.

-       Gracias, don José, por su relato. Yo tambien pido a Dios que jamás vuelva la guerra a nuestras casas. Buenos días y feliz año nuevo.

-       Feliz año, Gregorio, gracias a ti por tu visita.

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El aula de los desamparados.

                                            Relato breve de M.R. Bueno



            Los familiares permanecieron en el patio mientras los alumnos de la Orden de los Desamparados subían por las escaleras en dirección al comedor. Era la primera comida en el internado, a las afueras de aquella pequeña ciudad. ¿O era un pueblo grande?. El comedor lo componían un conjunto de mesas rectangulares de madera. En los lados más largos, unos bancos sin espaldar.

-         ¡Váyanse sentado en silencio! ¡He dicho en silencio! –

           Todos los alumnos obedecieron y fueron ocupando sus sitios sobre los viejos asientos, mientras un lego señalaba las mesas vacías a los que iban entrando en fila de dos en el comedor.

-         ¡Por aquí, vosotros a esa mesa1 ¡En silencio! –

           Andrés y Guillermo cayeron juntos en la misma mesa, por haber coincidido en la misma fila que se formó en el patio, la última vez que divisaron a sus padres y familiares, en aquel espacio porticado sin árboles ni plantas. Se habían visto en el dormitorio. Andrés ocupaba una cama cerca de la de Guillermo, mientras sus padres ordenaban la ropa en los numerados roperos, dejando vacías las maletas.

Ahora las familias habían vuelto a sus lugares de orígenes. Casi todos a pueblos pequeños, lugares agrícolas de la provincia y de otras localidades más alejadas de aquel internado. Empezaban una nueva vida de estudios y de disciplina. Una vida de educación en la virtud, pregonada sobre un catálogo de palos y castigos. “Solo así haremos de estas almas, personas temerosas de Dios” – decían los frailes. Más de uno comenzaron pronto a temer a ese Dios, encarnado en la figura de aquellos hombres, metidos en hábitos raídos, siempre dispuestos al látigo y la humillación del alumnado.

La comida, unas escudillas esconchadas donde, entre un caldo oscuro, nadaban objetos imprecisos y desconocidos. Casi todos los chicos pusieron una expresión de asco y se miraban unos a otros esperando una respuesta ante el desolado panorama de aquel menú asqueroso.

-        ¡Vamos comed y que nadie deje un grano de arroz en el plato! – gritó el prior, después de entonar unos rezos en una lengua desconocida por los comensales. Unos legos iban vertiendo en las escudillas el guiso oscuro y maloliente, y otros lo repartían en bandejas por las mesas.

Entre náuseas, algunos chicos tenían las lágrimas saltadas. El recuerdo confortable del hogar cerca del campo, se convertía en un nudo que atrapaba la garganta de Andrés. Una casa pobre pero limpia, donde no faltaba un buen plato de legumbres, sin mucho condimento pero hecho con el amor y delicadeza de una madre buena y trabajadora. Había que seguir ingiriendo aquel abominable guiso, entre mordiscos de trozos de un pan duro y hosco. Las frutas del huerto cercano al convento estaban maduras, recogidas días antes y picadas por insectos y bichos, que Andrés conocía bien.  Al final terminó el suplicio. Pensar que aquello sería tres veces al día. Lo había dicho el prior: Comerían por la mañana, leche de cabra y pan, al mediodía y a la hora de la cena.  

Después de la comida tuvieron un rato de descanso en el patio. Guillermo y Andrés salieron juntos. Fue Guillermo el primero en romper la conversación.

-         ¡Vaya asco de comida!-
-         ¡Sí, esto no hay quién se lo coma! Nosotros vivimos en el campo y allí hay frutas rojas y ricas, y plantas que dan alimentos, y hasta gallinas que ponen unos huevos riquísimos... –respondió Andrés.
-         ¡Calla, calla! En mi casa también había carne de pollos, que se criaban en el corral, aunque desde que murió mi padre... empezamos a ver la despensa cada día más vacía.
-         ¿Eres de la ciudad? – pregunto Andrés
-         No, soy de Hornillos. Mi padre tenía una bodega y dos carros, y mulas.... Se arruinó y murió de una enfermedad muy mala. El cura del pueblo le dijo a mi madre que aquí encontraría un colegio barato y una educación de no sé que...
-         Mi familia es pobre, mi padre es jornalero y tengo cinco hermanos. La mujer del amo de las tierras convenció a mi padre para que me trajese aquí, para ver si me hacía cura, o fraile... –
-         ¡Joder, pues, la hemos hecho buena! – dijo Guillermo
-         No te preocupes, tengo escondido en el ropero un chorizo que me han dejado mis padres. Cuando estemos en el dormitorio, le damos un bocado.-
-         ¿Me darás de lo que tienes? – dijo Guillermo

Si Andrés era un chico de campo, de tez morena y deshidratada por el sol y la intemperie, Guillermo era de pelo claro, y su cara más bien pálida, de ojos celestes y delgado como un junco, de largas piernas.

Al rato, llamaron al estudio. Los legos formaron filas por orden de edad de los alumnos. Guillermo y Andrés se colocaron juntos y entraron en la misma aula. Eran pupitres de cuatro plazas, y empezaron a repartir unos cuadernos para cada uno y unos lápices.

-    ¡Haremos un dictado, para ver como andáis de escritura. Luego, pasaremos a la capilla y aprenderéis las oraciones! -      

Siempre ordenaban silencio los monjes. Silencio en las aulas, en las filas para entrar en los estudios, en la capilla, en el comedor, en los dormitorios. Solo en los recreos se podía hablar con otros compañeros. El primer día se hizo penoso, pero la novedad despertaba cierta curiosidad. No fue la primera jornada la peor. Vendrían días más amargos.
                                                                            
La capilla la componían tambien otras filas de bancos de madera roída, y unos altares oscuros con imágenes de monjes, de caras descompuestas por el sacrificio de los infieles. Un altar mayor con una Virgen dolorosa de madera, de despintada policromía y comida por la polilla, como los bancos donde se sentaban los alumnos. Durante largos minutos permanecían de rodillas mientras los frailes rezaban y hacían repetir a los muchachos los distintos rezos que habían de hacer a diario.

Por la noche, el ropero de Andrés era el codiciado almacén de la oculta intendencia. Nadie, ni siquiera los demás compañeros, debían percibir la existencia de aquel arsenal de chacinas. Los trozos se ocultaban y se comían en el baño o en la cama, cuando se apagaba la luz. Andrés y Guillermo reían y se miraban cuando tenían la boca llena de aquel chorizo casero.

Días más tarde, un nuevo fraile hizo su entrada en el colegio. Venía de unas misiones en el extranjero. De pelo negro y abundante, sonrisa casi permanente, el prior dijo que don Marcelo sería el jefe de estudios. Al poco tiempo, muchos alumnos sintieron simpatías por el recién llegado, que entre bromas y caricias, atraía a los muchachos y les daba conversación. Los chicos, sintiéndose solos, acudían en busca de una figura paternal en quién refugiarse.

Fray Marcelo se dejaba ver, con frecuencia, sin hábitos, y según explicaba, en las misiones iban frecuentemente con las ropas que pudiera usar cualquier otro seglar. Empezó a entablar conversación con Guillermo, a quién miraba de una forma especial y con un sonrisa dulce. Guillermo era requerido para ciertos trabajos con el fraile, y ayudaba a la misa que diariamente oficiaba, por lo que empezó a suscitar los recelos de Andrés.

Guillermo prefería estar en los recreos junto a los demás compañeros; corretear y saltar unos sobre otros, pero fray Marcelo le sacaba, a veces, hasta del estudio general y se hacía acompañar del chico para hacer ciertas tareas del colegio. El fraile se quejaba de no ver demasiado bien y necesitar gafas, pero no soportaba llevar lentes ante sus ojos.

Andrés tenía una gorra que usaba en ocasiones cuando iban a la huerta, donde el lego encargado del cuidado de la tierra, escogía a aquellos que tenían experiencias en faenas agrícolas, para realizar tareas como quitar hierbas, regar, coger frutas... Un día Andrés le regaló a Guillermo la gorra de color beige. Era cuanto podía obsequiar a Guillermo, después que la chacina se hubiera terminado. De este modo, Andrés pretendía ganar un amigo, a quién Fray Marcelo apartaba de su lado, con cada vez más asiduidad.

Los domingos tenían los alumnos más tiempo libre. Andrés convenció a Guillermo para que le acompañara a la huerta. Conocía bien aquel terreno y sabía de un trozo de valla destrozada, por donde se podía salir a campo abierto. Cerca de allí, la foresta inspiraba la imaginación de los dos amigos. Un arroyo estrecho cruzaba entre el sotobosque y la arboleda silvestre. Un poco más hacia el norte, restos de una casilla donde aún había hierros mojosos y restos carcomidos. Corrieron por aquellos parajes, sintiéndose libres y dueños de aquella soledad. Fueron felices imaginando guerreros a los que vencían con aquellos trozos de ramas, a modo de espadas templadas del mejor acero.

-         ¡Tenemos que volver, puede que ya estén entrando en el comedor! –

Efectivamente, volvieron con las manos sucias de los palos convertidos en juguetes, pero nadie había reparado la ausencia de ambos muchachos. Prometieron volver cada vez que pudieran y explorar aquel territorio, que parecía de su exclusiva propiedad. Era un nuevo secreto que compartir, y Andrés estaba contento de poder ofrecer a su amigo un nuevo enlace que lo mantuviera a su lado.

Pero, el tiempo fue torciendo los proyectos de Andrés. Fray Marcelo siempre estaba encima, vigilando y demandando la presencia de Guillermo. Aquella noche, Andrés se despertó con una extraña sensación. Desvió su mirada por el dormitorio en penumbras, pero vio una figura adulta sobre una cama sentada. Miró con detenimiento. Era la cama de Guillermo y el que permanecía a su lado era Fray Marcelo, ¿quién si no?.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, se arropó despacio para no hacer ningún ruido y de vez en cuando abría los ojos para saber que estaba ocurriendo en la cama de su amigo. El fraile no llevaba hábitos; se divisaba a la perfección su camisa blanca y a veces se inclinaba sobre la cama de Guillermo. Andrés sentía enfurecerse a medida que pasaban los minutos hasta que el fraile abandonó el dormitorio, pero Andrés prefirió seguir en silencio hasta que amaneció y los legos llamaron para la oración y el desayuno.

Los días siguientes, Guillermo estaba especialmente serio. Casi no hablaba y Andrés permanecía despierto cada noche en espera de que apareciera el fraile en el dormitorio. Llegó el domingo y Andrés invitó a su amigo a corretear por el bosque fuera de los confines del colegio. Guillermo aceptó pero apenas corrió y ya cansado se sentó en la tierra.

-         ¿Qué pasa? – preguntó Andrés

-         No sé... – titubeó Guillermo.

-        Quiero enseñarte un pozo que he descubierto, ¡ven! -  Andrés guió a su amigo hasta  un pozo profundo, apenas tapado con hojas secas y algunas ramas, ya desgastadas y secas por el paso del tiempo. Pudo ser cavado para regar por algunos campesinos de antaño, Andrés sabía de otros pozos que había visto en su pueblo, en tierras de labor.

-       Vamos a taparlo de ramas, puede que caigan en él nuestros caballos – dijo Andrés excitando su imaginación aventurera y cogiendo ramas. Guillermo, se sentó de nuevo.

-         No duermo bien, estoy cansado –

-         Ya he visto a Fray Marcelo sobre tu cama – dijo Andrés.

Guillermo se sintió contrariado. No sabía si confiar en Andrés y contarle aquellos toqueteos del fraile sobre su cama y cuando lo llamaba para el despacho de la jefatura de estudios, o esquivar cualquier tiempo de conversación. Permanecer huraño y hermético, pero solo empezó a llorar, con la cabeza sobre sus rodillas.

-       Vámonos, Guillermo, ya es hora de volver, antes que se den cuenta que faltamos – Ambos emprendieron el camino de regreso. Andrés sentía una enorme pena por su amigo y una indignación por el fraile, a quién odiaba cada día más. Regresaron un día más con el conjunto de los alumnos y la jornada se iba desarrollando con normalidad.

Al día siguiente, llegó la escalofriante noticia: Los frailes le preguntaron a Andrés por el paradero de Guillermo. Faltaba desde hacía horas y no estaba en clases, ni en la capilla. Uno de los que buscaban con más ahínco era Fray Marcelo. Se organizaron grupos de alumnos que recorrieron las distintas dependencias del colegio. Andrés y algunos más, buscaron por la huerta, y éste se aproximó a la valla destruida. Allí, junto a la cerca de hierro oxidado encontró la gorra que había regalado a su amigo, la guardó y no digo nada a nadie.

¿Qué estaría haciendo Guillermo? ¿Habría huido por el bosque? ¿Estaría oculto en la casilla esperando que él fuese a buscarlo? ¿Estaría acosado por el fraile? Debería esperar el momento de escapar a través de la valla y buscarlo por aquellos parajes donde se sentían libres y felices compañeros. No se atrevió a confesar a nadie sus escapadas hacia el bosque, podía ser castigado. Solo él tendría que salir a buscar a Guillermo. Pasaron las horas y cundió el pánico, los frailes no sabían donde podría estar. Todos los rincones habían sido revisados una y otra vez. La puerta principal del colegio había permanecido cerrada y las laterales tenían llaves que custodiaba el prior. Los muros eran altos, imposible de saltar ni trepar.

-    Esperaremos que llegue la noche. Si ha salido, la oscuridad le hará volver, no puede ir muy lejos, el miedo le hará regresar – dijo el prior y un fraile comenzó su guardia alrededor de los muros y la puerta principal, esperando ver aparecer a Guillermo asustado por la incertidumbre.
                                                   
Fray Marcelo llamó a Andrés a solas y se metieron en un aula vacía.

-       Tú eres el mejor amigo de Guillermo, dime donde está, donde está escondido, donde ha ido – dijo enfurecido.

-         No lo sé – contestó Andrés asustado ante los ojos cargados de ira del fraile

-         ¿No lo sabes? – gritó el fraile golpeando al muchacho en la cara.

Andrés sintió rabia ante el castigo. Odiaba a aquel fraile y ahora si pudiera le daría dos patadas en su pecho. Era el culpable de la huida de Guillermo. Estaba seguro. No soportaba más vejaciones y había huido. El fraile que tenía frente era el culpable de todo. Ese asqueroso déspota que le mantenía agarrado por sendos brazos, tambaleándole y gritando:

- ¡¡Tu sabes donde ha ido. Lo sabes!!. -   

Andrés, entre sollozos, confesó al fraile que a veces habían ido a pasear por el bosque próximo a la verja de la huerta y que pensaba ir a buscarlo por aquellas tierras. Entonces, el fraile ordenó que lo acompañara a ese bosque, antes que cayera la noche, la cual estaba ya llamando a las puertas del firmamento. No dijo nada a nadie. Ambos se dirigieron a la huerta y cruzaron la verja por el agujero que servía a los chicos de huida hacia un mundo fantástico y privado.

Andrés aún llevaba la gorra de Guillermo en un bolsillo y el fraile, agarraba de malas maneras a Andrés instándole a la búsqueda.

-       ¿Dónde está? ¡Dime donde está, tú lo sabes! – repetía el fraile, mientras golpeaba al muchacho, que sentía hervir, de odio y rabia, hasta la última gota de su sangre. 

-         Siempre estabamos por aquí, por la casilla... –

-         ¡¡Por la casilla no está, dime donde, dime donde!! –

La intranquilidad de fray Marcelo se iba haciendo mayor, al darse cuenta de que caía la noche y tampoco por el bosque aparecía Guillermo. Se separó, buscando entre la maleza, por cada palmo de aquella arboleda. Andrés le vio, inquieto y rabioso; buscaba por todas partes, con el hábito recogido para caminar más rápido.

Andrés se colocó en línea con su castigador, le dolían los brazos, la cabeza y la cara de los azotes propinados. Tenía al fraile a solo unos metros de él, entonces sacó la gorra de Guillermo de su bolsillo, la puso en el suelo y volvió a recogerla, levantando la mano y llamando su atención.

-         ¡Es la gorra de Guillermo! – gritó. El fraile se sobresaltó, corrió hacia Andrés.

Andrés buscó la línea recta entre el fraile, el hueco del pozo oculto entre ramajes y su posición. Envuelto en el hábito, el religioso corrió hacia Andrés para comprobar la pista hallada. Las ramas crujieron y la tierra pareció tragárselo. Solo se escuchó un golpe seco, ni un lamento, ni una petición de auxilio. La noche avanzaba y todo era más negro. Andrés corrió hasta el colegio.

Los frailes y el prior al frente, llegaron al lugar donde les guió Andrés. Iban cargados de antorchas encendidas, con las que iluminaron el pozo. Allí, en el fondo, de aquel hosco socavón, inmóvil, estaba el cuerpo de Fray Marcelo. Una vez comprobado que no respondía, llamaron a la policía.  

Andrés volvió al colegio, pero no pudo dormir hasta que, cercano el amanecer, le venció el cansancio. Ya no estaban aquella noche ni Guillermo ni el fraile, los demás alumnos dormían ajeno a cuanto había pasado aquella tarde y noche.

Al día siguiente, la policía escuchaba el relato de Andrés. Fray Marcelo le había ordenado salir con él para buscar a Guillermo por el bosque y había caído en el pozo, semioculto por las ramas y la escasa luz de un sol decadente. ¡Un desgraciado accidente!

Guillermo fue hallado en casa de su madre, a quién había convencido para nunca más volver a aquel colegio. Andrés y Guillermo nunca volvieron a verse.

viernes, 3 de febrero de 2012

LA PASIÓN SEGÚN SEVILLA (I PARTE)



Y llegó el día primero de los Ázimos, en que debía sacrificarse la Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id a prepararnos la Pascua, para que la comamos” (Lucas, 22, 7-13)
Así, para celebrar la Pascua judía, entra Jesús en Sevilla, por la Plaza del Salvador, bajando la rampa de la Colegiata. Va Jesús sobre un asno para que se cumplan las palabras de Zacarías: “He aquí que tu rey viene a ti, manso y montado sobre un asno, sobre un pollino de bestia de carga” Sevilla entera le aclama, los niños visten sus túnicas blancas y otros suben a los brazos de sus padres, como Zaqueo a lo alto de su palmera. Avanza, Cristo vivo, por calle Cuna mientras suena, desde el barrio del Porvenir, que se aproxima la Virgen blanca de la Paz, entre la arboleda del Parque de María Luisa. Sevilla entera tiembla ya con el nerviosismo propio de un día de palmas y estrenos. El barrio de Triana, el de San Julián, el de la Feria, collación de San Juan de la Palma, el Porvenir; la céntrica Plaza del Molviedro, los alrededores de la Puerta de Carmona, parroquia de San Roque, o la plaza de Los Terceros, las bandas de músicas están uniformadas y los penitentes visten sus túnicas y capirotes. ¡Adelante, Cristo aclamado como Salvador, delante de la escultura, en dicha plaza, de Martínez Montañés! ¡Adelante Semana Santa en Sevilla!
            Está puesta la mesa en Los Terceros, iglesia llamada así porque perteneció a los Padres Terceros de la Orden Franciscana, siendo más tarde el Colegio de los Padres Escolapios, y hoy cedida por Decreto del Cardenal Bueno Monreal desde 1973 a la Hermandad de la Sagrada Cena. En el transcurso de esta Cena Pascual, Jesús predijo que sería traicionado por uno de los Apóstoles. Tomó pan en las manos, diciendo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo y, a continuación, cogiendo un cáliz de vino, dijo: Bebed de él todos, porque ésta es la sangre de la Alianza, que será derramada por la multitud para la remisión de los pecados.
Cantaba “El Perejil” (+) con voz potente su saeta, dueño de un bar frente a Escuelas Pías. Los apóstoles sentados a ambos lados de la mesa, y Jesús de pié habla al pueblo a través de sus comensales. Una imagen de Sebastián Santos, artista contemporáneo que tiene numerosas obras en estos desfiles cofradieros, siendo el grupo de Apóstoles de Ortega Bru. Delante de la Cena, Jesús anticipa su Pasión, solo y hundido, sentado sobre una piedra, medita su dolor frente a los naranjos de Doña María Coronel: Cristo de la Humildad y Paciencia y el palio, al final, de la Virgen del Subterráneo, talla atribuida a las cándidas manos de Astorga.
La ciudad acelera su paso para ir al encuentro, perdidos en la revuelta de calles, que cuenta hasta siete las esbeltas espadañas de otra noche lenta de cristales, que mece el echarpe estrellado entre varales. Han terminado la cena y ora el Redentor por la Plaza de los Carros, pidiendo que le quiten la angustia de una noche de cálices de sangre en el huerto de olivos jornaleros, saldada la cuenta traicionera con la bolsa oscura del pecado, porque ya se ve a Cristo rodeado de sayones y romanos, cuando buscamos, en la esquina, los luceros por San Andrés.      
               Todo acontece in ictu oculi pasando del Domingo al Miércoles y al Jueves Santo. La Hermandad de Montesión con María Santísima del Rosario, sale por la calle Feria desde una pequeña capilla mientras duermen los apóstoles y Jesús sufre, en Getsemaní, la angustiosa espera, aún decidido a acatar la voluntad del Padre. Jesús de rodilla orando ante un ángel que porta un cáliz en su mano. El Cristo es del taller de Pedro Roldán, aunque otras fuentes lo atribuyen a Jerónimo Hernández, y los Apóstoles de Castillo Lastrucci.
              El Miércoles Santo ya Judas ha entregado a su Maestro a los sacerdotes y le ha besado en la mejilla para que fuese arrestado en la cofradía del antiguo gremio de panaderos, que reza aquí, en otra también diminuta capilla, a la Virgen de Regla. Aquí tiene su sede la Hermandad de Ntro. Padre Jesús del Soberano Poder en su Prendimiento. Beso traicionero que Cristo recibe en la calle Santiago el Lunes Santo, en la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Redención, y un palio de María Santísima del Rocío. Todas las tallas que desfilan en los dos pasos de esta hermandad pertenecen a Castillo Lastrucci.
             Sevilla mil veces, cada año, pregonada, pues no solo la canta la palabra sino el azahar, el incienso, la sensualidad de una noche de cirios y pétalos de oro, la marcha mecedora y la saeta que desgarra la estrechez de un pasaje angosto, de ese arco de aceites abarrotado para untar los pies de Cristo dolorido.
En el proceso de Jesús tras su detención, es llevado ante Anás, sacerdote del Sanedrín, que había sido Sumo Sacerdote y destituido por el Procurador Valerio Gratus, pero que seguía manteniendo su poder como un Sumo Sacerdote más. Cristo es interrogado y abofeteado en la plaza de San Lorenzo, de donde procesiona esta composición de Castillo Lastrucci, de la Cofradía del Dulce Nombre (vulgo de “la bofetá”) con un palio bajo el cual aparece una bellísima imagen de la Virgen del Dulce Nombre con San Juan Evangelista. En el paso de misterio, Cristo avanza de espalda delante de Anás que sentado lo juzga, mientras Pedro, que había seguido a Jesús en secreto tras su detención, se encontraba oculto entre los sirvientes del sumo sacerdote. Reconocido como discípulo de Jesús por una mujer, le negó tres veces (dos según el Evangelio según San Juan), como Jesús le había profetizado. Esto ocurre en la calle Feria, Cofradía del Carmen Doloroso, hermandad incorporada a los desfiles oficiales del Miércoles Santo muy recientemente. El templo se denomina Omnium Sanctorum, una bella representación de las iglesias gótico-mudejar sevillanas. Su fachada dispone de portada de piedra y arcos apuntados con ventana mudéjar, rosetón gótico y torre cuadrada con paños similares a la Giralda (sebbka) El misterio se compone de Jesús maniatado y preso, San Pedro, un centurión romano y la mujer acusadora, José de Arimatea y un sayón, otro criado, un soldado romano y San Juan Evangelista.
De ahí, Cristo es llevado al palacio del Sumo Sacerdote, Caifás, para ser juzgado ante el Sanedrín. Sevilla renueva este pasaje en el barrio León, parroquia de San Gonzalo, dentro de la popular Triana. El paso de grandes dimensiones porta tallas de Ortega Bru (imágenes de Cristo y de Caifás) y un conjunto de Castillo Lastrucci. Representa el misterio el momento cumbre de la vida pública de Jesucristo, de donde arranca toda su Pasión y Muerte, al declarar ante el Pontífice Caifás su condición divina de Hijo de Dios; es decir, la Encarnación del Mesías cuya venida estaba prometida al pueblo de Israel. Caifás preguntó directamente a Jesús si era el Mesías, y Jesús dijo: "Tú lo has dicho". El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras ante lo que consideraba una blasfemia. Los miembros del Sanedrín escarnecieron cruelmente a Jesús. Este paso de Cristo es aclamado en su desfile procesional del Lunes Santo por su forma de moverse al compás de una banda de tambores, trompetas y cornetas.
La Semana Santa sigue su caminar diario por las calles y plazas de Sevilla, pero debemos ser breves y continuar en otro capítulo, si Dios quiere.

miércoles, 1 de febrero de 2012

MADRES CARITATIVAS

Tienen en La Palma una gran importancia las Hermanas de la Cruz: su obra, su convento, la figura plasmada en monumento a Santa Ángela (¡cuesta no decir Sor Ángela!) y el milagro de la Madre Purísima sobre unos hechos acontecidos en la enfermedad de la joven palmerina Ana María Rodríguez Casado.
No vendría mal que abundáramos sobre la figura de estas dos Madres de la Compañía de las Hermanas de la Cruz. Empezando por su fundadora la Santa Ángela (María de los Ángeles Guerrero González, tal como fuese bautizada) Nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla, y vivió en la calle Trinidad, donde termina la calle Sol y cerca del Colegio Salesiano de la Trinidad. Ya mostré (fcb) algunos detalles de su casa.
            Datos de interés son que perteneció a una familia muy humilde. Fue bautizada el 2 de febrero siguiente en la parroquia de Santa Lucía, muy próxima al lugar, hoy desacralizada. Trabajó en el taller de la zapatería Maldonado. Su padre, Francisco, era cocinero del convento de los Trinitarios, y su madre, Josefa, costurera allí mismo. Tuvieron catorce hijos, de los que solamente seis llegaron con vida a la mayoría de edad. Murió el 2 de marzo de 1932 en Sevilla. Desde ese día numerosos fieles visitan, anualmente, la sede central de las Hermanas de la Cruz, y acceden a sus habitaciones. Numerosos palmerinos y palmerinas han visitado ya este Convento y en esta Orden han ingresado varias hijas de este pueblo. Juan Pablo II la beatificó el 5 de noviembre de 1982 y la canonizó, en Madrid en 2003.
No fue admitida en la Orden del Carmelo, convento del Barrio de Santa Cruz, por cuestiones de salud, pero ya en 1868 la tenemos como postulante en las Hijas de la Caridad del hospital central de Sevilla, y posterior traslado a Cuenca, dejando esta Orden por aquellos mismos problemas de enfermedad. Estamos en 1870, donde vuelve a su trabajo hasta que en 1875 empieza a albergar la idea de una “Compañía”. El día 2 de agosto de 1875 Sor Ángela, y dos mujeres más, alquilan un piso en la calle San Luis y con solo unos muebles y unas esteras de juncos, como camas, comienza la andadura de las Hermanas de la Cruz. Hoy esta Orden está en muchos sitios del mundo y no sería necesario extenderse más en una obra conocida por todos y en la espiritualidad de estas Hermanas.
El 7 de julio de 1931 la madre Ángela tuvo una trombosis cerebral que, nueve meses después, la llevaría a la muerte, siendo sepultada en la cripta de la casa madre, donde hoy, tras su traslado a la capilla del convento, reposan actualmente los restos de la Madre Purísima.
           En alguna ocasión he dejado escrito que Santa Ángela podría procesionar el día del Corpus en La Palma, con la imagen de Moreno Daza que obra en el convento de nuestro pueblo, entre la Sagrada Forma y la Cruz, a las que tanto amó en su vida.
Y de Santa Ángela evocamos ahora a la Madre Purísima de la Cruz, beatificada en una ceremonia en Sevilla el 18 de septiembre de 2010 a las diez de la mañana. (Los caminos de santidad son: Siervo de Dios, Venerable Siervo de Dios, Beato y Santo)
 Esta Madre y Hermana llamada María Isabel Salvat Romero, nació en Madrid el 20 de febrero de 1926, en la calle Claudio Coello, 25. A diferencia de Santa Ángela nació en el seno de una familia de alto nivel social. Ingresó con 18 años en la Compañía de Jesús. Culta y distinguida, hablaba tres idiomas, y se distinguió por ser observadora intachable de las reglas de la Orden. Elegida Madre General el 11 de Febrero de 1977.
Austera y pobre para sí misma -«De lo poco, poco», solía decir- hacía vivir a las hermanas el espíritu del Instituto en la fidelidad a las casas pequeñas y se entregó a todos los que la necesitaban, especialmente a las niñas de los internados. También los pobres y enfermos ocupaban un lugar privilegiado en su corazón, tal como lo hiciera Santa Ángela. Así atendía con verdadero cariño a las ancianas enfermas de las «cuevas» de Villanueva del Río y Minas, cuando estuvo allí de superiora. Diariamente por la mañana iba hasta las «cuevas» para atenderlas: las lavaba, les hacía la comida, les lavaba la ropa. Y siempre se reservaba los trabajos más duros y penosos.
Gobernó la Compañía con incansable celo y gigante espíritu de Hermana de la Cruz. Su ideal fue hacer vida el carisma de la Santa Madre Fundadora y con su vida sencilla, humilde y llena de fe, supo dar ejemplo. Fue fiel seguidora de su obra, y ha dejado en el corazón de todas sus hijas deseos ardientes de imitar su amor a Dios y a su Santo Instituto. Falleció el día 31 de octubre de 1998. También merece que se rotule en La Palma una de nuestras calles con placa alusiva.
Junto al cuerpo de Santa Ángela, descansa el cuerpo de Madre María de la Purísima, en la capillita del convento, justo al lado de la nave central de la iglesia. Allí la visitan los devotos, cada día más numerosos, que no paran de encomendarse a ella y pedirle favores.
            En la foto, procesión de la imagen de la Madre Purísima desde la Catedral de Sevilla a la iglesia de San Juan de La Palma.